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Estimados amigos, en este espacio colocaremos
artículos que intentarán ayudarnos
a pensar y reflexionar sobre diferentes temas,
la mayoría de ellos serán extraídos
del Club de la Efectividad.
La amistad no llueve ni
aparece mágicamente porque uno diga,
como los niños,
"¿quieres ser mi amigo?"
¡Claro que todos deseamos tener amigos!
Pero... ¿qué hacemos para lograrlo? Esta
es una gran pregunta que nuestra
cultura, tan ávida de conexiones y
contactos, no se plantea con la
suficiente frecuencia. Declaramos
sentirnos solos, aburridos y faltos de
relaciones significativas, aunque...
¿qué hacemos concretamente?
Las declaraciones deben ser apoyadas por
acciones que las vuelvan tangibles,
reales. No es hablando como se hacen
amigos: es conviviendo. De lejos, de a
poquito, cada vez más cerca. Mirándose.
Estando presentes. Haciéndose próximo el
uno del otro hasta sentir un lazo, una
relación, una cuidada inter-dependencia.
Y aquí llegamos a lo más sorprendente:
¡hay que tener disciplina para la
amistad!
Los ritos, por ejemplo, son necesarios
para la amistad. Los ritos son
ordenados; crean un contexto; imponen
límites; generan compromiso,
responsabilidad y muestran respeto. La
hora; el modo; el dónde; el cómo; el
cuándo... Todos estos, son ritos
necesarios para la amistad.
Club de la Efectividad
Muchas veces, cuando no
sabemos cómo resolver un problema,
levantamos un muro. Este muro no
resuelve el problema, pero nos calma, ya
que ahora no vemos el problema... Poco
tiempo después, empezamos a ver algo
nuevo, que antes no estaba allí: el
Muro! Es paradójico, pero el Muro,
lejos de alejarnos del problema nos
acerca a él. Hasta podríamos decir que
es una medianera que "nos hace vecinos"
con lo que haya del otro lado... Vecinos
que compartimos el mismo problema,
materializado ahora por un muro. Muros
se han levantado para dividir barrios,
ciudades y países. Muros se levantan
entre familiares, amigos y amantes...
Igual que La Torre de los arcanos, las
estructuras rígidas no soportan los
cambios y producen mucho dolor antes de
romperse.
¿Hay algo más rígido que
un muro?
Club de la Efectividad
Sacamos ladrillos de la
pared
Muchas
veces, cuando miramos mucho un problema,
nos olvidamos de la solución. Es como
estar en el desierto muriéndonos de sed,
llegar a un oasis con agua y seguir
contando lo sediento que estamos...
en lugar
de beber!
Si se lo hubiera captado en su
esencia... el problema ya no existiría!
Así, las largas descripciones de un
problema no se encaminan hacia su
solución. Cuando hablamos y hablamos
sobre un problema, estamos contando
nuestra manera de ver el mundo: una
visión que -por supuesto- reforzará y
justificará dicho problema, malgastando
nuestra energía en lugar de conservarla
para la solución.
Un problema encierra también su
solución. Si vemos el problema sólo como
problema no vemos el Todo y terminamos
sabiendo mucho acerca del problema...
pero nada de su solución.
Necesitamos redireccionar nuestra mirada
y ampliarla con la intuición. Intuición
que se activa cuando nuestra energía no
se disipa en largas explicaciones. Si
captamos la solución,
¿de qué nos sirve saber
tanto del problema?
Club de la Efectividad
Martín Castro,
El camino clásico de Occidente es el apego: luchar
por la realización a través del éxito material, los
logros tangibles, la victoria. Oriente - en cambio -
propone el desapego: renunciar a las metas
materiales, y tomar el camino de la paz interior.
Mientras unos miran a Oriente y otros a Occidente,
el derrotero más sabio abarca lo mejor de ambos
mundos y el reconocimiento de que podemos controlar
nuestros esfuerzos, pero no los resultados.
Por lo tanto, disfruta la vida, sostén todo lo que
tienes con amabilidad, y trata de alcanzar todo
aquello que deseas, con pasión y energía, pero
mantén siempre una actitud de humildad y aceptación,
porque más allá de nuestros deseos y preferencias,
el universo... siempre hará lo que le plazca.
Club de la Efectividad
Fuerza
en la acción y aprendizaje en los resultados
Imposible ganar
sin saber perder,
imposible andar sin saber caer, imposible
acertar sin saber errar, imposible vivir sin
saber revivir. La gloria no consiste en no
caer nunca sino mas bien en levantarse todas
las veces que sea necesario. BIen
aventurados aquellos que ya consiguieron
recibir con la misma naturalidad el ganar o
el perder, el acierto o el error, el triunfo
y la derrota. Mario Benedetti
¿Te has sentido "no tan diferente" de
algún adversario?
(Nuevo)
Muchas situaciones a nuestro alrededor se
polarizan entre "nosotros o ellos". Sin
importar el tema, hay quienes piensan de una
manera y quienes piensan lo contrario.
Cambiar esta polaridad por otro punto de
vista que contenga a "Nosotros y Ellos" (un
punto de vista que signifique un gran
"NOSOTROS") no es nada fácil. Menos aún en
los momentos que tomamos partido por algo.
Cuando compro un libro, ayudo al leñador que
taló el árbol para hacer el papel. Cuando
enciendo mi computadora, ayudo a la usina
eléctrica a quemar petróleo. Cuando observo
la gran vuelta que dan las cosas, veo un
sistema "más grande e interconectado" que me
contiene y me hace cómplice de cosas con las
que no estoy de acuerdo. De alguna manera,
el problema "allí afuera" también está
dentro mío...
Cuando no nos sentimos "tan diferentes" de
aquellos que no ven las cosas como nosotros,
un gran crecimiento ocurre. La consciencia
de que "ellos" son también "nosotros", nos
hace menos arrogantes a la hora de
argumentar y puede ayudar a acercarnos... y
a buscar soluciones para todo el sistema.
Club de la Efectividad
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Padres Adictos
(Nuevo)
Consideramos "buen padre" a
aquel preocupado por el
bienestar de sus hijos, que les
provee todo aquello que
necesitan, que les ayuda a
vencer sus dificultades y a
resolver sus problemas, que les
cuida y contiene, etc... Pero,
así como este comportamiento
puede ser sinónimo de una buena
paternidad, puede esconder una
peligrosa -y muy corriente-
adicción!
Esta
reflexión surge de contemplar la
situación que viven muchos
padres de hijos adultos, que
continúan atendiéndoles,
brindándoles comodidades y
recursos, resolviéndoles
problemas y cubriendo sus
necesidades, a pesar de no
existir un problema económico,
de salud, o de otra índole.
Tras un primer análisis de esta
situación, los padres pueden
aparecer como "víctimas" de
hijos dependientes, que se
niegan a abandonar la comodidad
y la seguridad del hogar paterno
y continúan "viviendo de sus
padres". Pero al pensarlo mejor,
cabe preguntarse: ¿quién
depende de quién?
Sostener una situación de "padre
proveedor - hijo necesitado"
cuando los hijos ya son personas
adultas, muchas veces es
manifestación de una
hijo-dependencia: detrás
del sostenimiento de la
dependencia de los hijos hacia
sus padres... se esconde la
dependencia de los padres hacia
sus hijos.
Hay padres que permiten -e
incluso alientan- que sus hijos
adultos sigan necesitando de
ellos, porque sienten miedo de
quedarse solos, de enfrentarse
al "nido vacío". Al continuar
atendiéndoles y tratándoles de
la misma forma que cuando eran
niños o adolescentes (y en
algunos casos sobredimensionando
esta atención), los
padres se sienten más
necesitados... más "padres". Los
hijos -por su parte- se sienten
más "hijos" (en cierta forma,
más "niños"), al ver que sus
padres están dispuestos a
atenderles, cuidarles y
satisfacerles diferentes
necesidades. Esta prolongación
de la relación "adulto-niño" les
libra de enfrentar sus propios
miedos, como el fracaso laboral
o afectivo. Como resultado, se
crea una complicidad
entre ambos: los padres
prefieren que sus hijos no
"crezcan" y estos prefieren no
"crecer".
Una de las mayores dificultades
de la paternidad es adaptarse
al crecimiento de los hijos.
Cuando tienen ocho, seguimos
tratándolos como si tuvieran
tres, cuando tienen quince como
si tuvieran ocho... y cuando
alcanzan los treinta como si aún
tuvieran quince! Nos cuesta
aceptar que han crecido.
Inconscientemente, deseamos que
ese hombre -o esa mujer- sigan
siendo el bebé que nos requería
todo el tiempo. Este deseo nos
lleva a perpetuar el rol de
padres proveedores y
protectores.
A ello se suma una incapacidad
concreta: no sabemos ser
padres de un adulto. No
podemos visualizar otra función
que no sea "criar" a un hijo.
Como consecuencia, ejercemos
nuestro rol frente a hijos
adultos de la misma manera que
lo hacíamos cuando eran niños.
La hijo-dependencia perjudica a
padres e hijos, porque les
impide su natural desarrollo.
Así como -eventualmente- todo
hijo necesita "romper el cordón"
y comenzar su propia vida, todo
padre necesita que su relación
de pareja evolucione, recuperar
espacios de intimidad perdidos
tras la llegada de los hijos y
retomar proyectos personales que
quedaron postergados por la
crianza de los niños. Para hacer
posible esta evolución, es
preciso transformar el rol de
padres.
La paternidad requiere una
transformación continua.
Cuando nuestros hijos crecen y
maduran hasta convertirse en
adultos, como padres debemos
evolucionar para acompañar ese
crecimiento. Esta evolución
comienza por reconocer que
tenemos frente a nosotros a una
persona adulta que necesita ser
tratada como tal. Como cualquier
adulto, tiene derechos y
responsabilidades: el derecho de
gozar de privacidad, de tomar
sus propias decisiones, de vivir
la vida que elija vivir y la
responsabilidad de asumir
compromisos con él mismo y con
su entorno.
Desde luego, esta evolución es
gradual. No podemos -de la noche
a la mañana- pasar de tratar
a nuestros hijos como niños, a
tratarlos como adultos.
Paulatinamente, con cada nueva
etapa de la vida que ellos
inician, nosotros debemos
adaptar la forma en que les
tratamos, las exigencias que les
imponemos, los espacios de
libertad que les concedemos y
las necesidades que les
cubrimos.
Una conocida frase dice: "Una
vez padre... padre para siempre."
Definitivamente, somos padres
para siempre y jamás
abandonaremos este rol... pero
sí debemos adaptarlo. Que no
recurramos a cubrir cada
necesidad o a resolver cada
problema que tienen nuestros
hijos adultos, no nos hace menos
padres. No es señal de una
paternidad menos responsable,
comprometida o activa, sino de
una paternidad diferente: una
paternidad adulta!
Para ejercer una paternidad
adulta, necesitamos superar la
hijo-dependencia y
transformar una relación
dependiente en una
interdependiente, en la que
padres e hijos interactuemos de
igual a igual, nos respetemos
mutuamente, nos ayudemos unos a
otros, confiemos en nuestras
capacidades y nos demos el
suficiente espacio para crecer
como personas.
Club de la Efectividad |
Yo solo quiero jugar
Sin que me
grites y te enojes aunque algo me salga mal.
Sin que reproches a los árbitros aunque nos
dirijan mal, sin que le grites al otro
equipo, ellos también quieren jugar, sin que
te enojes con otros padres, todos deben
alentar. Por eso yo le digo a los grandes
que como todos los niños YO SOLO
QUIERO JUGAR
Aprender
sin Rueditas:
Hay
un tiempo para cada cosa. Algunos momentos
son aptos para enseñar y otros no.
Cualquier intento de enseñar algo a
una persona, cuando existe algún resentimiento
o amenaza en ella, tiene como único
resultado el aumento de esos sentimientos
negativos. Esperar hasta que la situación
cambie -o hasta que usted pueda cambiarla-
será lo más razonable. Las personas
necesitan sentirse seguras y receptivas para
poder aprender algo.
Arremeter
con consejos, fórmulas, razonamientos,
o disertaciones educativas cuando alguien
está decaído, fatigado, o sometido
a una gran presión, equivale a intentar
enseñar a nadar a un hombre mientras
se está ahogando. Ese no es un buen
momento para enseñar. Por el contrario,
cuando una persona experimenta seguridad interior,
sentimientos de afecto, respeto y solicita
ayuda... entonces sí: ha llegado el
momento de enseñar.
Club de la Efectividad
Creamos un momento... para cada cosa.
Fabián Mozzati
Director
Los
Padres de los Deportistas
(Lic. Claudio M. Vasalo)
El presente artículo pretende brindar
un acercamiento práctico de articulación
de la relación padres-entrenador a
los fines de posibilitar el aprendizaje óptimo
del deporte juvenil por parte del niño.
Se busca reconceptualizar al deporte juvenil
y al deportista juvenil, para poder brindar
un producto deportivo que se encuentre a su
alcance y al servicio del placer. En
la actualidad resulta completamente habitual
encontrarse en competiciones deportivas infantiles
con padres en estados de alteración
poco imaginables para la situación,
o buscando reprender a los árbitros
por sus fallos o contradiciendo a los entrenadores
por sus decisiones. El
contexto del deporte infanto-juvenil con el
paso del tiempo se ha tornado cada vez más
estresante y más exigente para el actor
principal del juego: el niño. La
mayoría de las veces los padres y/o
los entrenadores suelen equivocarse al considerar
al deporte juvenil como si fuese un deporte
profesional. El deporte juvenil tiene se fundamento
como proceso educativo, como proceso de aprendizaje
y de adquisición de habilidades y conductas
relevantes para el niño. Mientras que
el deporte profesional persigue los objetivos
de una empresa comercial, donde verdaderamente
el ganar es esencial y prioritario para los
agentes del mismo (deportistas-entrenadores-directivos)
El
asociar confusamente al deporte juvenil con
una empresa deportiva como lo es el deporte
profesional lleva a que las funciones desempeñadas
por aquellos que deben guiar y acompañar
el proceso educativo, padres y entrenadores,
resulta completamente inoperante y altamente
iatrogénica para el deportista. El
deporte infanto-juvenil debe perseguir invariablemente
el axioma de obtener placer por participar
y no solamente por ganar. Pero sabido es,
que la mayoría de las veces, los niños
deportistas obtienen al finalizar el juego
premios o castigos en función de sus
resultados. Cuando
el resultado determina la calidad y el nivel
del afecto que el entrenador y los padres
puedan dispensar a sus hijos, desde ese momento,
la competición deportiva se transforma
en un evento altamente estresante imposible
de afrontar para cualquier niño.
Es
necesario que los entrenadores al igual que
los padres recompensen las ejecuciones, la
participación en planes deportivos
y que se olviden de los resultados como fuente
principal de recompensas. Los niños
y los jóvenes no son adultos en miniatura,
por lo tanto deben recibir el trato que se
merecen y deben poder disfrutar y obtener
en el deporte lo que están buscando,
que es el placer y la diversión. Sin
duda no puede escapar a este análisis
que las recompensas económicas que
recibe un deportista profesional en la actualidad
resultan sumamente atractivas, pero con más
razón es imprescindible que el niño
viva el proceso deportivo educativo asociado
al placer y que a posteriori pueda o no elegir
continuar una carrera profesional.
Resulta
notable ver como por estas latitudes, y teniendo
en cuenta la influencia mediática informando
acerca de los montos de los contratos de los
deportistas profesionales y los premios onerosos
que reciben por cumplir sus objetivos, han
ido rotando los motivos principales de los
niños para realizar la práctica
activa de un deporte. La
grilla de motivos por las cuales los niños
hacen deporte tradicionalmente fue: por diversión;
para mejorar destrezas y aprender otras nuevas;
para estar con amigos; por la emoción
y porque es excitante y luego recién
para tener éxito y ganar. En la actualidad
se evidencia una inversión significativa
de estos motivos, ampliamente impulsados por
factores externos al niño como lo son
los padres, la mayoría de las veces.
El
objetivo tener éxito o ganar a cualquier
precio es tremendamente nocivo para la práctica
deportiva, dado que el mismo justifica cualquier
medio para alcanzar tal fin. Es de suponer
que los niveles de violencia en el deporte
infantil se hayan incrementado por tal motivo.
La agresión instrumental y la agresión
reactiva en deportes infantiles son moneda
corriente y la mayoría de las veces
se dejan pasar por alto debido a que el deportista
o el equipo consiguiera el logro deportivo.
Por
tanto, es primordial que tanto los padres
como los entrenadores y hasta los jueces deportivos
reconceptualicen al deporte juvenil como un
proceso educativo el cual es un medio y un
fin en sí mismo. Despejando
totalmente la noción de ganadores y
perdedores, la cuál genera la consecuencia
más fatal para el deporte de iniciación
que es el cese de la actividad deportiva.
En
la medida que no se respeten las motivaciones
de los niños por participar de los
programas de entrenamiento deportivo mayor
será la deserción de los mismos
y más frecuente será encontrar
jóvenes completamente alejados del
deporte, sin poder gozar de los amplios beneficios
que el mismo brinda. Es
necesario mencionar nuevamente a los jueces
deportivos, quienes deben adoptar una actitud
facilitadora más que una posición
autoritaria distante de los niños.
Los jueces deportivos son parte fundamental
de este proceso activo de aprendizaje y por
tal motivo deben contribuir desde una aproximación
positiva, recompensando las conductas deportivas
acertadas y asertivas, y no solo castigando
los comportamientos erróneos.
Del
mismo modo, los padres desde su rol de espectadores
deben mantener una posición acorde
a tal rol. Es
muy frecuente que al terminar un juego, el
padre se acerque a insultar a un árbitro,
o le cuestione decisiones al entrenador, o
fastidie a su hijo por ejecuciones erradas.
Es
necesario entender que muchas veces desde
la posición de padres entendemos a
nuestros hijos como nuestras prolongaciones
y por tanto deseamos que actúen como
lo haríamos nosotros, desde afuera.
Para ello reitero que los niños a los
jóvenes no son adultos en miniatura,
son niños que persiguen sus objetivos,
distintos a los de los padres y que deben,
obligatoriamente, ser respetados. Ni
la postura del padre fanatizado y obsesionado
por el resultado, ni la del padre absolutamente
descomprometido favorece al desarrollo de
los deportistas infantiles. Es necesario acompañar
al niño, hacerle sentir que uno desde
la posición de padre se encuentra feliz
por lo que él realiza más que
por cómo lo realiza. Priorizar la práctica
deportiva a la práctica óptima
del deporte.
El
no acompañar en ocasiones al niño
a la competencia, el no interesarse por sus
entrenamientos puede resultar tan nocivo como
la persecución implacable de padres
fanáticos. Es
conveniente que los padres abandonen comportamientos
sobreprotectores que muchas veces impide que
vean que al niño como tal, y por tanto
considerarán desmedido cualquier regaño
por parte del entrenador y llevará
a cuestionarlos indebidamente.
A
modo de sugerencia considero que resultaría
ampliamente operativo adoptar un modelo comunicacional
de doble vía entrenador-padres, especialmente
en los períodos de pretemporada, a
los fines de poder presentarse como entrenador,
de hacer conocer los objetivos del programa
deportivo a los padres, de mencionar los roles
y responsabilidades paternas y buscar establecer
un día y horario para la relación
entrenador-padres.
En
la medida que el binomio entrenador-padres
maneje un buen caudal comunicacional, trabaje
y desarrolle el rol a desempeñar por
cada uno de ellos, y por tanto permita el
crecimiento deportivo de los niños
desde una perspectiva de acompañamiento
mutuo, seguramente la práctica deportiva
será una verdadera fuente de placer
para el niño y perderá cualquier
carácter que tienda a transformarla
en situación estresante.
La
aproximación positiva de parte de cualquier
agente deportivo (entrenador, juez, dirigente,
padre, etc) es favorecedora y posibilitadora
del desarrollo deportivo, lo cual implica
que a edades tempranas no se puede perder
de vista el carácter educativo del
deporte, generando de este modo que a edades
mayores resulte más grande la población
que pueda decidir o no continuar con una carrera
profesional. Que
un par de deportistas enfrenten a edades tempranas
desafíos deportivos adultos, no significa
ni mucho menos que ese deba ser el paradigma
e imitar. La vida deportiva debe prolongarse
con la llegada de las ciencias aplicadas al
deporte, y actualmente se confunde esta actitud
con el inicio precoz.
Es
importante entender que un joven entrenado
respetando sus etapas madurativas llega siempre
más preparado a enfrentar situaciones
estresantes que aquellos que sin elegirlo,
fueron impulsados a hacerlo. Busquemos
por tanto, cada uno desde la posición
que nos toca ocupar, generar una actitud facilitada
de inserción deportiva. Entendiendo
que el niño inicia un proceso de aprendizaje
y no un trabajo en una empresa deportiva.
Legalmente para desarrollar la mayoría
de las ocupaciones existentes en el mercado
laboral es necesario tener una mayoría
de edad, excepto en el deporte.
Respetar
al niño como un infante y no como un
adulto en miniatura es la cuestión.
Niño
sigue jodiendo con la pelota . . .
Había
una vez... una forma de enseñar
Si en una reunión yo le dijese "Permítame
explicarle en detalle esta política
de seguridad" y le enfrentara a un diagrama
con innumerables flechas, datos y figuras,
probablemente usted pensaría "¿Cómo
salgo de aquí?". A decir verdad,
de esa manera no le estaría ayudando
mucho a comprender...
Pero
si le preguntara “¿quiere que
le cuente lo que sucedió con el departamento
de seguridad de la planta de Caracas?",
su reacción posiblemente sería
"Sí, me gustaría mucho".
Todos
nos encontramos a menudo con situaciones en
las que tenemos que enseñar -o explicar-
algo a otras personas. Por ejemplo a escribir
una carta; a responder el teléfono;
a hacer una venta; a gestionar un equipo;
etc... Sea cual fuere el motivo, las historias
son una forma de enseñar muy efectiva.
Explicar
a la nueva recepcionista cómo atender
y transferir llamadas, cuáles son los
teléfonos internos dentro de la empresa
y cómo utilizar el contestador de mensajes,
no le enseñará a ser una gran
recepcionista. Sin embargo, contarle acerca
de Patricia (¡la mejor recepcionista
que tuvo la empresa!) y de cómo ella
podía calmar a un cliente enfurecido,
localizar al gerente y sonreír cálidamente
al mensajero, le dará un cuadro mucho
más claro de su trabajo. Su cerebro
estará mejor preparado para manejar
situaciones complejas, si puede preguntarse
"¿qué hubiese hecho Patricia
en mi lugar? y no "¿dónde
estaba el botón de espera?".
Sin
duda, la mejor forma de enseñar algo
es con el ejemplo. La segunda mejor, es contar
una historia que sirva de ejemplo. Las historias
nos permiten que las personas "descubran"
las cosas por ellas mismas. Por ejemplo, decir
"aquí valoramos el aprendizaje"
no significa nada. Pero contar la historia
de un gerente que no despidió a un
empleado (cuyo error hizo perder mucho dinero),
hará comprensible el significado de
aprendizaje. Si una imagen vale mil palabras,
una historia vale mil afirmaciones.
Lo
que sucede, es que las personas se "sumergen"
en la historia y la sienten. Experimentan
la historia como si la hubiesen vivido. En
el proceso, la idea que queríamos transmitir
-y que reside en la historia- se vuelve propia.
Piense
en su propia experiencia. Piense en una persona
que haya tenido éxito al enseñarle
y en otra que haya fracasado . ¿Cuán
"conectado" se sintió con
cada una? ¿Se sintió conectado
porque esta persona influyó en usted..
o ella influyó en usted porque le permitió
conectarse?
Antes
de enseñar algo, necesitamos establecer
una "conexión" para entregar
con éxito nuestro mensaje. Las personas
no quieren más información.
Están saturadas de datos y necesitan
mensajes en los cuales creer. Pensemos en
un líder que quiere transmitir -a su
equipo- la importancia de la motivación.
Esta persona se enfrenta a la alternativa
de elaborar un manual lleno de conceptos...
o contar la siguiente historia:
Un hombre visita una obra en construcción
y ve a tres hombres trabajando. Se detiene
y pregunta al primero ¿Qué está
haciendo? "Estoy apilando ladrillos",
responde éste. Luego pregunta lo mismo
al segundo ¿Qué está
haciendo usted? y éste responde: "Estoy
levantando una pared". Se dirige finalmente
al tercero y le formula la misma pregunta.
El hombre lo mira y le dice: "Estoy construyendo
una catedral".
¿Qué alternativa piensa usted
que será más efectiva? Una historia
significativa inspira a creer y renueva la
esperanza. Si nuestra historia es lo suficientemente
buena, las personas llegarán a la conclusión
de que pueden confiar en nosotros y en nuestro
mensaje.
Una
de las cosas más importantes, al utilizar
historias, es clarificar y mantener el propósito
de la misma. Solemos encontrar tan fascinantes
algunas historias, que las usamos porque son
"bellas" o "emotivas",
pero perdemos de vista el objetivo que nos
llevó a narrarlas en esa circunstancia.
Debemos aprender a utilizar las historias
inteligentemente. Si bien todos, desde muy
pequeños, desarrollamos la capacidad
de contar historias, podemos mejorar esta
capacidad si clarificamos la intención
que tenemos y el efecto pretendido al contarlas.
Las
historias han sido muy populares durante miles
de años (recuerde "Las mil y una
noches") y se han utilizado con innumerables
propósitos. Pueden emplearse no sólo
para entretener o transmitir información,
sino también para construir comunidades,
promover la innovación, preservar una
realidad... o cambiarla!
"Las
historias no sólo nos dicen que los
dragones existen,
sino también que pueden ser vencidos"
- C. K. Chesterton-
Club
de la efectividad - www.efectividad.net
¿Qué
papel desempeña el deporte en el desarrollo
normal del niño?
La
participación del niño en actividades
deportivas es importante para lograr un desarrollo
normal, ya que fomenta el desarrollo físico,
psicológico y social, aumenta la capacidad
para tomar decisiones y favorece la autoestima.
Además, la práctica deportiva
proporciona al niño una experiencia
agradable, así como la posibilidad
de adquirir destreza en algunas tareas.
¿Cuáles
son los objetivos del deporte en la edad preescolar?
El
objetivo de la práctica deportiva en
esta edad (2 a 5 años) es estimular
la percepción sensorial, la coordinación
motriz y el sentido del ritmo. Se debe fomentar,
sobre todo, la agilidad y flexibilidad del
organismo. Los ejercicios deportivos a realizar
son: marchar, saltar, trepar, jugar y danzar.
¿Cuáles son los objetivos del deporte
en la edad escolar?
La
educación física en este grupo
de niños (6 a 12 años) es una
parte esencial en la educación general,
cuyo fin es conseguir un desarrollo armónico
y el bienestar de la salud. Su objetivo consiste
en el dominio y control del equilibrio así
como la adquisición o perfeccionamiento
de los movimientos automáticos. Las
prácticas deportivas adecuadas a estas
edades son: natación, ejercicios gimnásticos,
juegos con balón, patinaje y ciclismo.
Deben excluirse los deportes que requieran
un desarrollo excesivo de la fuerza física.
Adiós
querido papá...
Lo
siento mucho papá, porque creo que
esta es la última vez que me podré
dirigir a vos. En serio lo siento mucho. Es
tiempo de que sepas la verdad. voy a ser breve
y claro: la droga me mató papá.
Conocí a mis asesinos a eso de los
15 o 16 años de edad. Es horrible:
¿no es cierto, papá? ¿cómo
fue?. Un ciudadano vestido elgantemente y
que se expresaba muy bien, nos presentó
a nuestro futuro asesino: LA DROGA. Yo intenté
rechazarla. de veras lo intenté, pero
este señor se metío en mi dignidaddiciendome
que yo no era hombre. No es necesario que
digas nada más, ¿no es ciertó?...
Ingresé al mundo de las drogas. No
hacía nada sin que las drogas estuvieran
presentes. Yo sentí más que
las demás personas, y las drogas, mi
amiga sonreía... ¿sabés
papá?: cuando uno comienza encuentra
todo ridículo y muy divertido. Incluso
a Dios lo encontraba ridículo. Hoy,
en el hospital, reconozco que Dios es lo más
importante en el mundo, sé que sin
su ayuda no estaría escribiendo lo
que escribo. Papá, no vás a
creerlo, pero la vida de un drogadicto es
terrible. Uno se siente desgarrado por dentro.
Es terrible y todos los jóvenes deben
saberlo para no estar en eso. Yo no puedo
dar tres pasos sin cansarme. Los médicos
me dicen que me voy a curar, pero cuando salen
del cuarto mueven la cabeza. Papá,
solo tengo 19 años y se que no tengo
chances de vivir. Es muy tarde para mí,
pero tengo un último pedido para hacerte:
Hablá a todos los jóvenes que
conocés y mostrales a su futuro asesino,
el destruirá sus vidas. Por favor hacé
eso papá, antes de que sea demasiado
tarde para ellos tambien.Perdoname papá
yo sufrí demasiado. Perdoname por hacerte
sufrir también con mis locuras. Adiós
querido papá.
Nota:
El autor falleció a pocos días
de escribirla por consumo de drogas. Gracias
Alberto por permitirnos compartir está
carta
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